Antes de comentar, en esta pequeña serie de tres artículos, la relación entre responsabilidad social y ambiente, me gustaría a forma de prólogo, enmarcar el fenómeno desde una perspectiva mucho más amplia y global. Ya en 1951, Martín Heidegger nos decía que “lo gravísimo en nuestra época es que todavía no estamos pensando”; y quizás esa debería ser la función social de la filosofía, enseñarnos a pensar para nuestra época.
Entonces, ante lo grave de nuestra época, ya que es la primera vez que como sociedad global enfrentamos serias crisis económicas, ambientales y sociales al mismo tiempo; lo primero que deberíamos indagar, es por qué y cómo hacer responsabilidad social; además de por qué y cómo integrar al ambiente en ella; pues nada hay peor que hacer las cosas correctas por las razones equivocadas.
Respecto al porqué, lo primero que sobresale en nuestra sociedad es esa particularmente inocente, pero peligrosamente errada visión de que al ambiente y/o la naturaleza debemos salvarla. Desde una perspectiva ambiental, sin lugar a dudas, podemos continuar business as usual, y seguir aportando al grave desequilibro de la biosfera, hasta que este desequilibrio no permita la vida de los seres humanos, cosa que no sucederá paulatinamente, sino de forma gradual, como ya lo estamos viendo. Aquí no debemos olvidar que este desequilibro de la biosfera, debido a nuestra arrogancia antropo-céntrica, ya nos ha privado, y está privando de algunas formas de vida.
Respecto al cómo, debemos considerar antes que nada, la complejidad, interrelación, e interdependencia de todos los sistemas de los que depende la vida en la biosfera, se hace imperativo entonces un enfoque sistémico no solo para la responsabilidad social y el ambiente; sino también para cualquier otra supuesta solución que surja en este camino apremiante de búsqueda de soluciones.
Enfoque sistémico del ambiente
Un requisito sine qua non para que la responsabilidad social integre al ambiente, es antes que nada, un enfoque sistémico del ambiente, definido por el Convenio sobre la Diversidad Biológica como “una estrategia para el manejo integrado de la tierra, el agua y los recursos bióticos que promueve la conservación y el uso sostenible de forma equitativa”. Este enfoque fue adoptado por la V Conferencia de las partes en Nairobi, Kenya en el año 2000, como la estrategia que debería orientar el modelo conceptual para abordar esas tres graves crisis que actualmente enfrentamos como sociedad planetaria.
A través de este enfoque, y como se muestra en la figura 1, se busca integrar la realidad humana en la gestión de los ecosistemas, al incluir al hombre y la sociedad dentro de un sistema ecológico y no fuera de él.
Figura 1: Anidación de sistemas.
Este enfoque proporciona una visión más integradora y amplia de las realidades, interdependencias e interacciones que ocurren en la biosfera, permite evidenciar tendencias, procesos, relaciones y estructuras. Este enfoque plantea que los sistemas sociales son dependientes, pero a la vez influencian los sistemas ecológicos. Los sistemas económicos se ilustran al interior de los sistemas sociales, ya que se considera que la economía colapsaría si los sistemas sociales dejasen de existir, por el contrario, un sistema social podría existir sin un sistema económico, tal y como lo han demostrado ampliamente investigadores como Polanyi y otros.
Ahora que de forma amplia y genérica, hemos orientado el porqué de la responsabilidad social, y el cómo integrar al ambiente (junto con las otras dos variables, según el enfoque adoptado por la V Conferencia de las Partes) en ella, tenemos como resultado una “ventana a la sostenibilidad” a la que debería aportar cualquier estrategia de responsabilidad social independientemente de quien la ejecute.

Figura 2: Ventana a la sostenibilidad.
El como diseñar e implementar una estrategia de responsabilidad social que aporte a la sostenibilidad lo abordaremos en los próximos dos artículos.
Erick Brenes Mata,
Doctorando en Sostenibilidad & Alternativas al Desarrollo de la Universita della Calabria

