
Esta afirmación fue el resultado de tres días de intercambio de experiencias con personas de Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua y Panamá; quienes implementan iniciativas de conservación fuera de las áreas protegidas, es decir, con comunidades.
“Entre los principales aspectos que los participantes señalaron como limitantes está la falta de planificación a largo plazo, la poca inclusión de la juventud y de las mujeres, la falta de consentimiento previo para los proyectos por parte de las comunidades y el poco diálogo de saberes que se da entre el conocimiento local y el científico”, comentó Alejandro Imbach, coordinador del Programa Académico de Práctica del Desarrollo (PAPD) del CATIE.
De acuerdo con el coordinador, para atender estos temas y fomentar el trabajo de la conservación en los territorios poblados y productivos de la región mesoamericana es necesario desarrollar mejores métodos y más experiencias y conocimientos en las dimensiones sociales del trabajo de conservación. De esta manera, se podrá avanzar más rápidamente en las estrategias para conectar las áreas protegidas con espacios habitados y productivos amigables con la biodiversidad, haciendo así más viable la reproducción de muchas especies y la conservación de diferentes ecosistemas.
Fuente: CATIE.
Marcela Rojas Periodista
