Este plan define las políticas de urbanización hasta el 2030 y tiene como visión estratégica consolidar la GAM como un espacio competitivo de primer orden en Centroamérica y el Caribe.
Tras años de estancamiento y polémica, el pasado mes de enero el Gobierno de Laura Chinchilla, oficializó el Plan GAM 2013-2030 que tiene como fin principal planificar el ordenamiento territorial de las ciudades de la Gran Área Metropolitana (GAM) y enfrentar los problemas de hacinamiento, polución sónica, visual, ambiental, el mal uso de los desechos y el caos vial, entre otros; que se viven en el país y que no han sido resueltos por décadas, debido a la falta de una política de planificación definida.
El deterioro de las condiciones ambientales del país a causa del déficit de zonas verdes y la falta de planificación y protección de los espacios, habían sido detectadas desde el 2010 por el Programa Urbano para la GAM (Prugam) que luego se llamó POTGAM, dos propuestas similares a la actual, pero que fueron rechazadas por el Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo (INVU).
El Plan GAM 2013-2030 considera entre sus acciones en beneficio de la población, la revitalización de centros urbanos con espacios públicos como parques con áreas verdes que permitan el disfrute de la ciudadanía.
Actualidad
La Gran Área Metropolitana representa el 3.84% del territorio nacional, un 50% de la población nacional vive en el y para el 2030, la población total de la GAM será de 2.933.241 personas, lo que evidencia que es el espacio productivo del país que requiere más planificación para reducir las dos economías, riesgos ambientales y obstáculos a la calidad de vida de sus habitantes.

Los alcances
El Plan ordenamiento territorial considera la protección de los recursos naturales, el paisaje y la consolidación de centros urbanos compactos e integrales, generadores de productividad y de mejoramiento de la calidad de vida de la población.
Los beneficios para la ciudadanía con la puesta en marcha del plan pretenden la revitalización de centros urbanos y una mayor oferta de vivienda en ellos, mejor movilidad motorizada, no motorizada y articulación entre ambas; menores tiempos de viaje, menor contaminación, mejores espacios públicos, protección del paisaje natural y cultural, protección del recurso hídrico y zonas de recarga acuífera; reducción de consumo de energía, es decir, ciudades más eficientes.
Marcela Rojas C. Periodista
